Los últimos días del año suelen venir cargados de listas eternas, propósitos grandilocuentes y promesas que duran, con suerte, hasta febrero. Yo hace tiempo dejé de creer en los planes perfectos. Prefiero los planes posibles. Este año decidí algo distinto: usar la inteligencia artificial como soporte para pensar, no como piloto automático . No para que decida por mí, sino para ayudarme a ordenar objetivos, ver límites y bajar ideas a tierra. Este artículo es una invitación a hacer lo mismo. 1. Primero lo humano, después la IA Antes de abrir cualquier herramienta, hay que responder algunas preguntas incómodas: ¿Qué quiero cambiar realmente en 2026? ¿Qué cosas ya no quiero seguir sosteniendo? ¿Qué me gustaría mejorar, aunque sea de a poco? La IA sirve para estructurar, pero no puede decirte qué querés . Eso sigue siendo un trabajo personal. 2. Objetivos chicos, claros y medibles Uno de los mayores errores al planificar es querer cambiar todo junto. Con ayuda de la IA ...