Reinventarse a los 50 o a los 60 no es lo mismo que hacerlo a los 20. Eso es un hecho. La experiencia pesa. Las responsabilidades también. Y el mercado laboral no funciona con discursos motivacionales. Conviene empezar desde un punto realista: No se trata de negar la edad, sino de entender qué ventaja estratégica ofrece. 1. La experiencia no es valor automático La experiencia, por sí sola, no garantiza nada. Años de trabajo acumulado no significan vigencia si no se traducen al lenguaje actual. El conocimiento que no se actualiza se vuelve referencia histórica. El verdadero activo no es “lo que hiciste”. Es el criterio que desarrollaste al hacerlo. Quien trabajó décadas en administración, sistemas o gestión tiene algo que no se enseña en tutoriales: comprensión de procesos, lectura de contexto, capacidad de anticipar problemas. La diferencia hoy está en esto: No gana el que sabe más herramientas. Gana el que sabe aplicar criterio usando las herramientas actuales. La tecnología —incluida...
Cuando se habla de reinvención, casi siempre se piensa en sumar. Nuevas habilidades. Nuevas herramientas. Nuevos conocimientos. Pero hay una parte del proceso de la que se habla poco, y no por casualidad: desaprender . Porque desaprender no suena productivo. No se puede certificar. Y, sobre todo, incomoda. El apego a lo que sí funcionó Lo más difícil de soltar no es lo que salió mal, sino lo que funcionó durante años. Formas de trabajar que dieron resultados. Métodos que construyeron identidad profesional. Reglas implícitas sobre lo que era “hacer bien las cosas”. El problema es que el contexto cambió. Y lo que antes era una ventaja, hoy puede volverse un freno. No por falta de capacidad, sino por exceso de costumbre . Desaprender no es borrar la experiencia Desaprender no significa negar lo aprendido ni tirar por la borda la trayectoria. Significa reordenar prioridades . La experiencia no desaparece. Cambia de lugar. Pasar de ejecutar a diseñar. De seguir procesos a crearl...