Hay un pánico generalizado flotando en las oficinas. Profesionales con treinta o cuarenta años de trayectoria están mirando de reojo a la Inteligencia Artificial, convencidos de que un pedazo de software los va a jubilar antes de tiempo. Las cosas como son: si pensás que la tecnología te va a reemplazar, es porque estás entendiendo mal tu propio valor en el mercado. La maquinita no viene a sentarse en tu silla ni a sacarte el trabajo. Viene a sentarse en el asiento de al lado. Es tu nuevo copiloto. Y entender la diferencia entre un piloto automático y un copiloto es lo que va a definir si en los próximos años te quedás afuera del sistema o si multiplicás tu rentabilidad. El error del piloto automático Muchos creen que usar IA es apretar un botón, cruzarse de brazos y dejar que la computadora haga el trabajo de principio a fin. Eso es delegar en piloto automático. Y si hacés eso, te vas a estrellar. Ya lo vimos: la máquina alucina, inventa datos, no tiene tacto con los clientes y no ent...
Hay una fascinación peligrosa con la inteligencia artificial. Como nos devuelve textos impecables en segundos y habla con una seguridad absoluta, asumimos que siempre tiene razón. Pero la maquinita miente, y lo hace con la cara de piedra. En el mundo tecnológico a esto se lo llama "alucinar": la IA, en su afán de darte una respuesta cueste lo que cueste, inventa datos, normativas, fechas o justificaciones que suenan perfectas pero son completamente falsas. Si le delegás tu trabajo a ciegas, te vas a estrellar. Ahí es donde entran a la cancha tus años de oficio. El caso de Mario y la ley que no existe Pensá en Mario, un profesional con años de trayectoria que necesita redactar un descargo legal o administrativo. Para ganar tiempo, le pide a la IA que le arme el texto citando la normativa vigente. La máquina le devuelve un documento brillante, fundamentado en el "Artículo 45 de la Ley 12.345". Mario copia, pega y manda el texto. A los dos días se lo rebotan: esa ...