El miedo existe. Y es razonable. La inteligencia artificial ya escribe informes, programa sistemas, detecta patrones invisibles para nosotros y procesa en segundos lo que a un equipo le llevaría días. En muchas tareas técnicas, es mejor que la mayoría de las personas. Pero hay una confusión de base. La IA no “entiende”. Predice. No comprende el mundo: calcula probabilidades sobre enormes volúmenes de datos. Y acá está el punto incómodo: No te va a reemplazar la IA. Te va a reemplazar alguien que sepa usarla para potenciar lo que te hace humano. El problema no es la tecnología. Es quedarte haciendo lo mismo mientras todo alrededor cambia. En los años 80, el investigador de robótica Hans Moravec formuló una idea que hoy es más actual que nunca: la Paradoja de Moravec . La paradoja dice algo contraintuitivo: Lo que para nosotros es difícil (cálculos complejos, análisis estadístico masivo, procesamiento de datos), para una máquina es trivial. Lo que para un niño de 5 años...
Reinventarse a los 50 o a los 60 no es lo mismo que hacerlo a los 20. Eso es un hecho. La experiencia pesa. Las responsabilidades también. Y el mercado laboral no funciona con discursos motivacionales. Conviene empezar desde un punto realista: No se trata de negar la edad, sino de entender qué ventaja estratégica ofrece. 1. La experiencia no es valor automático La experiencia, por sí sola, no garantiza nada. Años de trabajo acumulado no significan vigencia si no se traducen al lenguaje actual. El conocimiento que no se actualiza se vuelve referencia histórica. El verdadero activo no es “lo que hiciste”. Es el criterio que desarrollaste al hacerlo. Quien trabajó décadas en administración, sistemas o gestión tiene algo que no se enseña en tutoriales: comprensión de procesos, lectura de contexto, capacidad de anticipar problemas. La diferencia hoy está en esto: No gana el que sabe más herramientas. Gana el que sabe aplicar criterio usando las herramientas actuales. La tecnología —incluida...