Veo el pánico en la cara de mucha gente. Gente con años de experiencia que de repente ve a una pantalla escribir en diez segundos un informe que a ellos les lleva una mañana entera. Sienten el aliento en la nuca. Escuchan el tic-tac. "Hasta acá llegamos", piensan. "Me van a reemplazar por un algoritmo que ni siquiera toma café". Relajate. Esta película ya la vimos. La vimos en 1784, la vimos en 1913 y la vimos en los 90. Y adiviná qué: seguimos acá. Viajemos un segundo a la Inglaterra de principios del siglo XIX. Los artesanos textiles, tipos que llevaban toda la vida tejiendo a mano, de repente vieron aparecer unos armatostes enormes de metal y madera: los telares mecánicos. El miedo fue absoluto. Estaban convencidos de que era el fin del trabajo humano. Tanto miedo tenían, que se organizaron en secreto, se hicieron llamar "Luditas", y salieron de noche a romper las máquinas a martillazos. Juraban que el telar iba a destruir la economía. Pero la historia,...