Veo a diario a profesionales de 50 o 60 años, tipos que se comieron mil crisis, que apagaron incendios que nadie más sabía apagar y que mantuvieron empresas a flote, achicarse frente a un pibe de 20 años porque el chico tiene un certificado de tres meses en "Prompt Engineering" o en programación. Sienten que el tren de la tecnología los dejó atrás. Eso es un error de cálculo garrafal y un complejo de inferioridad que te está costando plata.
El mercado real no paga por cartones con sellos ni por promedios universitarios. El mercado paga por soluciones. Y vos tenés un doctorado en la calle y en el barro de la vida real que no se consigue en ningún bootcamp de internet.
La trampa de volver a la casilla de salida El desvío más peligroso que podés tomar cuando querés reinventarte es creer que tenés que volver a ser alumno a tiempo completo. Muchos piensan que la salida es meterse a hacer una carrera nueva o aprender un lenguaje de programación desde cero. ¡Falso!
A esta altura del partido, volver a la casilla de salida para "aprender la herramienta" es la excusa perfecta para procrastinar el miedo a salir a vender lo que ya sabés. Tu ventaja competitiva no es saber cómo configurar un servidor o cómo escribir código; tu ventaja es tener el criterio para saber qué problema hay que resolver.
El arte de traducir tu capital El problema no es tu edad, ni tu falta de títulos modernos. El problema es que no sabés hablar el idioma de hoy. Tenés que aprender a "traducir" tu capital experiencial.
Si te pasaste 20 años lidiando con proveedores que no cumplían, clientes furiosos o empleados desmotivados, dejá de presentarte diciendo "fui jefe de atención al público". Traducilo al valor real que aportás: "Soy un experto en gestión de crisis y optimización de procesos humanos".
Hoy, la Inteligencia Artificial te puede redactar el mail, armarte la estructura de una página web o procesar una base de datos en segundos. Pero la IA no tiene tu "calle". No sabe si esa solución va a funcionar con gente de carne y hueso. La tecnología es el peón; vos sos el estratega que mueve las piezas.
Dejá de vender el nombre de tu puesto Es hora de dejar de llorar por el título tecnológico que no tenés y empezar a facturar la experiencia que te sobra.
Te dejo un desafío para hoy: agarrá tu currículum o hacé memoria de tu historia laboral de los últimos veinte años. Miralo bien. ¿Estás vendiendo los nombres aburridos de los puestos que ocupaste, o estás vendiendo los problemas millonarios y los dolores de cabeza que aprendiste a resolver?
Traducí tu experiencia. Ahí está tu verdadero capital.

Comentarios
Publicar un comentario