El miedo existe. Y es razonable. La inteligencia artificial ya escribe informes, programa sistemas, detecta patrones invisibles para nosotros y procesa en segundos lo que a un equipo le llevaría días. En muchas tareas técnicas, es mejor que la mayoría de las personas. Pero hay una confusión de base. La IA no “entiende”. Predice. No comprende el mundo: calcula probabilidades sobre enormes volúmenes de datos. Y acá está el punto incómodo: No te va a reemplazar la IA. Te va a reemplazar alguien que sepa usarla para potenciar lo que te hace humano. El problema no es la tecnología. Es quedarte haciendo lo mismo mientras todo alrededor cambia. En los años 80, el investigador de robótica Hans Moravec formuló una idea que hoy es más actual que nunca: la Paradoja de Moravec . La paradoja dice algo contraintuitivo: Lo que para nosotros es difícil (cálculos complejos, análisis estadístico masivo, procesamiento de datos), para una máquina es trivial. Lo que para un niño de 5 años...