Y hoy la están repitiendo con ChatGPT.
Cuando Gutenberg popularizó la imprenta, los eruditos de la época entraron en pánico: si todo quedaba escrito, la humanidad iba a perder la capacidad de recordar. Suena ridículo hoy, ¿no? Guarden esa sensación, porque la van a necesitar.
Después vino la radio, y los diarios anunciaron el fin de la lectura. Luego la televisión iba a matar a la radio. Internet iba a destruir nuestra capacidad de pensar. Y acá estamos: leyendo un artículo en pantalla, con la radio de fondo y más libros publicados que en cualquier otro momento de la historia.
Hoy el cuco se llama Inteligencia Artificial. Y la frase de moda en oficinas y cafés es: "ChatGPT nos va a dejar a todos en la calle".
Mentira. Otra vez.
La IA no es tu enemigo. Pero tampoco es magia.
Vamos a decir las cosas como son. La IA no es un Terminator que viene por tu escritorio ni una bola de cristal que predice el futuro. Es una herramienta. Tremendamente potente, sí, pero una herramienta al fin.
El mito más tóxico que circula hoy es que la IA reemplaza la experiencia humana. Falso.
La semana pasada le pedí a ChatGPT que analizara una propuesta comercial de un cliente. En treinta segundos me devolvió un documento prolijo, bien estructurado, con los puntos correctos en el lugar correcto. Impresionante. Y completamente inútil, porque no sabía que ese cliente había tenido un conflicto societario hace seis meses que cambiaba todo el panorama. La máquina tenía la teoría. Yo tenía el contexto.
Eso es lo que un modelo como ChatGPT no puede darte: la calle. El olfato. Las cicatrices que te dejaron los años resolviendo problemas reales con personas reales.
La verdadera amenaza no viene de donde creés.
La IA no te va a sacar el trabajo. El que te va a pasar por encima es otro profesional —con tu mismo nivel de experiencia, en tu mismo rubro— que sí sepa usarla.
Esa es la conversación que pocos quieren tener.
Si elegís el camino de "yo a mi edad ya no estoy para estas cosas", te estás autojubilando antes de tiempo. No se trata de competir con la velocidad de una máquina —esa batalla está perdida de antemano—. Se trata de aprender a pilotearla.
La radio no mató a la lectura: obligó a la prensa escrita a encontrar su valor diferencial. La IA no va a aniquilar tu criterio ni tu utilidad profesional. Pero sí te está exigiendo que subas un escalón.
¿Para qué sirve entonces?
Para liberar tiempo. Para hacer en diez minutos lo que antes te llevaba dos horas. Para que puedas dedicar esa energía a lo que una máquina no puede hacer: entender a las personas, leer una sala, tomar decisiones con información incompleta, construir confianza.
Es hora de soltar el trabajo operativo que hoy puede hacer un algoritmo, y empezar a aportar el valor estratégico que solo un humano con kilómetros recorridos puede dar.
Tu tarea de hoy
Entrá a ChatGPT y pedile que te explique el problema más complejo que resolviste en tu trabajo en los últimos seis meses. Contale el contexto completo. Leé la respuesta.
Vas a ver que sabe la teoría perfectamente.
Y vas a entender, de una vez, por qué vos seguís siendo necesario.

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