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La rebelión de los luditas en el siglo XXI: romper la máquina nunca fue la solución

Hace un poco más de 200 años, un grupo de artesanos textiles ingleses agarró martillos y antorchas, se metió en las fábricas de noche y empezó a reventar los telares mecánicos. Se los conoció como los "luditas".

Su lógica era simple y nacía del terror: "Esta máquina de porquería hace en una hora lo que a mí me lleva un día. Me va a dejar sin trabajo. Si rompo la máquina, salvo mi puesto".

Spoiler alert: los telares no dejaron de funcionar, la Revolución Industrial los pasó por encima y los que se quedaron solo con el martillo en la mano terminaron en la miseria.

Hoy, en pleno siglo XXI, veo a un montón de profesionales experimentados haciendo exactamente lo mismo, pero sin martillos.

El ludismo moderno (o el autosabotaje intelectual)

Hoy no rompemos máquinas a palazos. El ludismo moderno es mucho más sutil, pero igual de destructivo para tu carrera. Se manifiesta en frases de pasillo y excusas que nos decimos para no salir de la zona de confort:

  • "Ese ChatGPT escribe sin alma, se nota a la legua que es un robot".

  • "La Inteligencia Artificial comete errores, prefiero seguir haciendo mi código a mano".

  • "En mi rubro, el contacto humano es todo, esto es una moda que ya va a pasar".

Despreciar la herramienta, buscarle el pelo al huevo para demostrar que "falla" y negarse a usarla es nuestra forma moderna de romper el telar. Es el miedo disfrazado de superioridad moral.

La máquina no te reemplaza, te desplaza hacia arriba

Los artesanos textiles del siglo XIX que sobrevivieron y prosperaron no fueron los que rompieron los telares; fueron los que se dieron cuenta de que ahora su trabajo ya no era tejer a mano, sino operar la máquina, arreglarla y diseñar patrones más complejos.

Si te pasás las mañanas lidiando con sistemas, armando reportes o redactando propuestas, tenés que entender que la IA es tu telar mecánico. Sí, teje más rápido que vos. Sí, no se cansa.

Pero la máquina no sabe qué tela necesita el cliente. No sabe negociar el precio. No sabe leer el contexto de que la empresa está pasando por una crisis y hay que ajustar el tono.

Soltá el martillo

El algoritmo procesa datos; vos tomás decisiones. A los 50 o 60 años, tu valor ya no está en la velocidad de tus manos para tipear en un teclado o armar una planilla. Tu valor está en tu capacidad para dirigir la obra.

Si te ponés en modo ludita y te negás a adoptar estas tecnologías, no vas a frenar el progreso. Solo vas a lograr que un pibe de 25 años, con la mitad de tu experiencia pero con la mente abierta, te pase por el costado usando la herramienta que vos despreciaste.

Soltá el martillo. Sentate frente al telar, aprendé qué botones tocar, y poné a la máquina a trabajar para vos.

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