Hay una fascinación peligrosa con la inteligencia artificial. Como nos devuelve textos impecables en segundos y habla con una seguridad absoluta, asumimos que siempre tiene razón. Pero la maquinita miente, y lo hace con la cara de piedra. En el mundo tecnológico a esto se lo llama "alucinar": la IA, en su afán de darte una respuesta cueste lo que cueste, inventa datos, normativas, fechas o justificaciones que suenan perfectas pero son completamente falsas. Si le delegás tu trabajo a ciegas, te vas a estrellar. Ahí es donde entran a la cancha tus años de oficio. El caso de Mario y la ley que no existe Pensá en Mario, un profesional con años de trayectoria que necesita redactar un descargo legal o administrativo. Para ganar tiempo, le pide a la IA que le arme el texto citando la normativa vigente. La máquina le devuelve un documento brillante, fundamentado en el "Artículo 45 de la Ley 12.345". Mario copia, pega y manda el texto. A los dos días se lo rebotan: esa ...